Sí, la obra escrita de Juan José Arreola es como de orfebre, es profunda y concisa... y sus participaciones cinematográficas lo son aún más. La primera de dos[1] fue en Fando y Lis, el primer largometraje de Alejandro Jodorowsky.
“Bertha me dijo anoche: ‘Tienes que levantarte temprano. Alexandro pasa por ti a las siete y media. Mañana vas a filmar la escena que le prometiste para su película’. ¿Cuál película? Se me había olvidado que estaba filmando una” (Arreola: 487).
¿De que se trata la película?... Difícil responder, los que ya la vimos lo sabemos. Según el autor la temática “es lo que en brujería se llama ‘limpia’ y en el cristianismo ‘confesión’. El hombre y la mujer hacen un viaje interior para limpiarse de todas sus impurezas, dolores, traumas y complejos, fijaciones infantiles y demás, hasta encontrar su propia realización” (Jodorowsky: 145 y 146).
“Llamo por teléfono y me contesta Alexandro: ‘Ahorita mismo paso por ti’. Minutos después llega en Volkswagen. Apenas hay sitio para mí […]” (Arreola: 487)
Diana Mariscal, Sergio Klainer, los protagonistas de esa película que en la Reseña Mundial de Festivales Cinematográficos en Acapulco causó tal escándalo que el organizador mismo (Emilio ‘El indio’ Fernández) enarboló, pistola en mano, un intento de linchamiento en contra del novel cineasta chileno.
“Hablo y hablo por el camino […] Hemos dejado la ciudad […] El paisaje a los lados del camino es cada vez más extraño y desolado […] Veo a los lados bardas de piedra china
¿Zapotlán?” (Arreola: 488)
¿Zapotlán?” (Arreola: 488) Hacía ya poco más de siete años que Jodorowsky había sido invitado por Rubén Broido y Salvador Novo a quedarse en México y ejercer los oficios de director teatral, titiritero y maestro de mímica (entre sus numerosos alumnos está Juan José Arreola). El chileno venía de París en la compañía de Marcel Marceau (luego de haber estudiado con Barrault, Decroux y con el creador mismo de Bip).
“’Ya llegamos’, grita Alexandro […] Llegamos a un pueblo: Santa María de los Huizapoles o algo por el estilo […] Pasamos la plaza y la última calle del pueblo se acaba. Santa María de los Desamparados o algo por el estilo […] ‘Vas a ver. Un paisaje de Marte’ Alexandro me consuela. ‘Vas a estar en la luna, sin cohete y sin capsula. Sin traje espacial’. Me señala niños, mujeres y hombres que nos miran tal como somos: criaturas de otro mundo. ‘¿Los ves? Vienen todos los días. Ayer filmé con casi todo el pueblo de comparsa […] Ahora les pedí que me trajeran puercos… El galán de la película es un niño mimado, un idota corrompido por el amor maternal. Ve puercos por todas partes. El hijo pródigo ¿te das cuenta? Pero en vez de irse de viaje, se enamora y cría puercos en su alma. La muchacha está enfrente de él, encadenada y desnuda. En vez de acariciarla y decirle te quiero, le echa todos sus puercos encima… La profanación de la inocencia… Naturalmente, se trata de un sueño. Acometida por el Mal, fecundada por el Maligno, la pureza, bella como un arcángel, óyelo bien, la pureza pare puercos…’ Bruscamente. Alexandro vuelve a la realidad y pregunta urgido a uno de sus ayudantes: ‘¿Ya están aquí los puercos? ¿Cuántos? ¿De todos tamaños?” (Arreola: 489-491).
La participación del oriundo de Zapotlán es ésta: En el centro del descomunal cráter, Fando desnuda a Lis y le encadena los pies al carrito que durante toda la travesía en búsqueda de Tar la ha transportado. ‘¡Heeeeey! ¡Heeeey! ¡Heeeey!’ Grita orgulloso a los cuatro vientos el novio de Lis...Y desde lo alto de la boca de tierra responden al llamado con su paulatina presencia: un rabino, un hombre vestido de negro y sombrero de copa[2] y otro más de pantalón negro rayado, saco del mismo color además de chaleco gris, corbata, bombín y un libro en la mano izquierda (es decir, Juan José Arreola). Enseguida Fando los exhorta: “Mírenla… tóquenla, vean qué suave es su piel, sus senos, bésenla, muérdanla, ¡con confianza! ¿Verdad que es preciosa?”
El orfebre de las palabras en su participación no dice una sola, se vuelve orfebre de movimientos, caricias y besos, su materia preciosa es Lis, pero no para esculpirla delicadamente, su misión es trabajarla y ensuciarla….con Jodorowsky diciéndole cómo…
“Se acaba el camino y llegamos a la orilla de un cráter. Una mina redonda, gigantesca y abandonada. Tal vez en principio, el agujero que cavó un aerolito arcangélico quién sabe cuándo y de dónde… De veras, estamos en la luna […] Llega mi turno y no sé de qué se trata. […] Corquidi [uno de los dos fotógrafos] ataviado de rabino irrisorio, dice ‘Si mi mujer lo sabe, me pide el divorcio’. Ríe, pero tiene miedo. […] Por el contrario, Sammy está feliz, vestido de ave de presa […] Todo él se prepara para el inmundo cachondeo […] Somos tres y no somos nadie. Ella es todo. Allí, en la garganta de piedra. Allí, en la última reconditez de la tierra. Nadie nos ve. […] De la angustia me desperté a la euforia. No en vano Alexandro el Grande me llevó a un desfiladero. Oigo todavía sus órdenes, gritadas desde arriba. Y el zumbido de la cámara en acción me infunde pánico: el curso de la cinta es como el fluir temporal de la consciencia, no puedo trastornar el orden al que me he sometido. Obedezco junto al rabino, junto a ella y al zopilote. Soy un muñeco y Alexandro el Sabio me ha dado cuerda: ‘¡Silencio! ¡Cámara! ¡Acción!’ Actúo sonámbulo, automático y deslumbrado. Sólo recuerdo que le dije: ‘Mírame a los ojos mientras te beso los pies’. Pero no me vio y procedí impunemente: ‘¡Quítenle la ropa! ¡Acarícienla! ¡Uno tras otro! Y tú… ¡no te defiendas! Ahora bésenla… bésenla en la boca…’ Si me hubiera dicho: mátala, la habría matado ¿Por qué? Porque así estaba escrito. La besé en la boca. Después de Sam, que se la llenó de babas. Me dio asco. Sin que la viera la cámara, ella pasó la mano violentamente, limpiándose los labios. Como si supiera. Entonces la besé[3]. Lo que no supe es que tuve, apretado en mi mano derecha, algo redondo y suave como un fruto. Y eso nadie puede verlo en la pantalla: lo que fue mi corazón, estrujado por todos” (Arreola: 493-495)

Hace ya casi cuarenta años Arreola terminó de grabar su participación en la película. Atardecía. Se puso a platicar con los técnicos que no estaban ocupados en grabar los antecedentes y secuencias de aquella escena, se puso a platicar después con sus alumnos de teatro que habían asistido al cráter de filmación, luego con los actores –con “Lis”, “la rubia más linda [que] te mira con sus ojos veteados de miel”–, comió bombones, tomó coñac, cerró los ojos… y de lo que se cosecharía dos años después quedó sembrada la semilla: la tercera versión de Fando y Lis. Hay al menos tres: Fando y Lis originalmente escrita para teatro, por Fernando Arrabal; Fando y Lis de Jodorowsky, el primero de sus seis grotescos arcanos[4] (¿del tarot?) que le chupan la sangre al que los ve, para escupirla transformada en flores-luz-voladoras-sanadoras; Fando y Lis la experiencia (graciosa, histórica, estrujante, onírica, calvárica… criminal –¿criminal?–) que el 29 de noviembre de 1969 Arreola vertió en papel.
“Después vino ella junto a mí y me perdonó el beso que le había dado […] Me dijo que todo es un sueño… […] Soñé el resto de la tarde y soñé toda la noche […] Desperté solo. Todos mis cómplices huyeron. He tomado parte en un crimen, pero ni siquiera poseo el cuerpo del delito” (Arreola: 495).
Bibliografía:
- ARREOLA, Juan José. “Texto inédito”, en Narrativa completa Arreola.1ª reimpr, México, Alfaguara, 1997, pp.488-495
- JODOROWSKY, Alejandro. Antología Pánica, prólogo, selección y notas de Daniel González Dueñas. 1ª edición, México, 1996, Joaquín Mortiz, 339 pp.

2 Nuestros lectores opinan:
solo aclarar que esta colaboración fue publicada en el primer número de cinesofía, con fotogramas de la aparición del oriundo de Zapotlán
Les recomiendo este texto que está muy bueno, ha sido escrito por una seguidora de Rolando Toro y Alejandro Jodorowsky.
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