YESTERDAY
Sudáfrica, el país más golpeado por el virus del VIH, con el 11% de su población infectada, es el escenario de esta historia. Una historia en donde se presenta la lucha de una mujer contra la determinación de todo humano: la muerte.
“Ayer era mejor que hoy, eso decía mi padre.” Ese ayer en donde las epidemias eran cosas de médicos y científicos; cosas que, mistificadas, pasaban de boca en boca como rumor ajeno. Rumores como el de la joven que contó a sus padres su enfermedad y que por estar infectada murió apedreada por todo el pueblo para que no los contagiara.
Yesterday va por agua a la bomba del pueblo, trabaja la tierra, corta la leña, educa a Beauty, espera a John cada dos o tres meses. Abnegada mujer que al enterarse de su futuro próximo se convierte en rebelde. Rebelde metafísica que, a pesar de aceptar su destino no flaquea. He ahí la rebelión.
Yesterday sabe que ayer era mejor que hoy, que ayer no había necesidad de caminar dos horas al médico para enterarse de lo inevitable. Ayer no tuvo que viajar a Johannesburgo a visitar a John. Ayer John la amaba. Ayer fue mejor para muchos. Hoy, Yesterday duda si en realidad mañana puede ser peor. La belleza del mañana es el medio y el fin para Yesterday. Es su mejor aliada en la rebelión.
¿Qué esperar de la vida al enterarse de la enfermedad sino la muerte? ¿Qué esperar del río que fluye al encontrar una montaña sino el dejar de fluir?
-Mamá, ¿los ríos pueden subir montañas?
-No hija, los ríos no pueden subir montañas.
-Entonces los ríos no pueden llegar al mar.
Ayer los ríos no subían montañas para llegar al mar. Hoy vemos como el río se rebela y sube por el camino para llegar a la cima de la montaña; hoy fluye la vida de Beauty en la fuerza del ayer de su madre.
Manu.
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