El caite de Pandora:

(10 pasos indisolubles para prepararse antes de ver una película…)
por Marshiari Medina.
Posar un pie en alguna sala de cine, o tan sólo decidirse a sentarse en el sofá para admirar una película, requiere de una ardua preparación. Si dudan en creerme, traten de hacerlo (bajo su propio riesgo) sin ninguna anticipación y verán que el resultado es fatal. ¿Me explico? Es decir, cuando han visto la película errónea, o han estado con la persona equivocada, o escogieron un día malísimo en el cual ni los changos de la esquina los dejan estar tranquilos, es porque no siguieron un plan adecuado de preparación “anti-spoils”, o como diría mi adorada abuela, “anti-caídas del Chahuistle”.
A mí me sucedía tan a menudo que llegué a pensar que la culpa la tenía mi muy mala suerte y la única solución posible era leer las sinopsis de las películas e imaginarme como habían sido.
Al parecer todo marchaba bien. Copiaba las sinopsis de las portadas a mi libreta, y cambiaba, con ayuda de mi diccionario, las palabras claves de cada oración, usando una palabra más arriba o más abajo, o de alguna página anterior. Así, en lugar de decir “ E.T. un extraterrestre amigable busca regresar a su planeta con la ayuda de su amigo terrestre”, decía, “E.T. un estratémpora amigdaláceo busca regraciar a su planeta con la ayubíes de su amigo terrible”.
Claro, la diferencia era notoria, y eso hacia mis comentarios mucho más originales, pues mi percepción cinematográfica le daba un toque de misterio a cada película. Todo mundo me consideraba una experta, y algunos volvían a ver los filmes susodichos porque les interesaba mis comentarios, otros, porque les aterrorizaban. Nadie mejor que yo para contar la película sin arruinar “el final”, pues todo lo dejaba con un velo de intriga y curiosidad.
Pero como nada es para siempre, no pude ocultar más mi truco mágico (que me salvaba de toda tragedia), y fui descubierta.
Un día nomás no pude con la sinopsis de una película de arte (que al parecer estaba siendo un éxito entre mis familiares y amigos) pues estaba en francés. Y como “Mui nel parloz fransuas” pues todo fue un desastre…¡hice mi comentario de la película en kabiye o creo que en portugués!
Todo lo que salía de mi boca (y de la sinopsis) era un sopa de “guashus guas- pacuas” y “porles bus tu-cus”. Ni mi abuelita me entendió.
Mis días sinópticos acabaron. Dejé en un envase de leche la pluma, y me comí en un caldo tlalpeño mi diccionario. Jamás volví a hablar del cine, y mucho menos veía alguna película. Los días eran insoportables, y no tenía fantasías en las que soñar.
Los dientes me colgaban hasta la barbilla, el cabello se me volvió verde, y las uñas de los pies me crecían 20 centímetros exactos cada noche.
Así pasaron mis días, y yo sin querer saber nada del cine, hasta que una vez hurgando en los cajones viejos de mi abuela, encontré un periódico de 1820 ( ¿o era de 1280, o 1990?) en el que aparecía un articulo de suma importancia, y el cual salvo mi vida, escrito por investigadores ultra científicos de la ciudad de Portecochére (ciudad famosa por sus no “palomitas” sino “quesadillitas” de maíz) que habían descubierto que la gente era más feliz al ver cine, y ocurrían menos accidentes durante el proceso, siguiendo los siguientes pasos:
1. Prepare el despertador un día anterior a la hora exacta de su espabilamiento, y oblíguelo a repetir: “HOY ES DÍA DE CINE”.
2. Al despertarse por la mañana, mírese al espejo y dígase lo hermoso(a) que es. Lo inteligente que es. Y lo maravilloso que es un “día de cine.” (Si esta nublado el día, no diga “lo maravilloso” que es, sino, “lo romántico” que es).
3. Mientras se ducha, se acicala y se viste, cante a todo pulmón: “En el cine, la vida es más sabrosa. En el cine, todo es felicidad.”
4. Si hace huevos para desayunar, póngales un poco de sal, y no olvide lavar las naranjas antes de hacer el jugo para evitar alguna enfermedad.
5. Ya relajado, bañado y comido, abra su agenda y apunte con los ojos cerrados a algún contacto. Llámelo, y si no contesta, llame a otro, e invítelo “a ver una encantadora película que seguro le encantará”. Si no acepta, llamé a otro, y si no lograr comunicarse con nadie, no se altere, trate de llamar a su madre o abuela, y verá que ellas siempre aceptarán.
6. Al escoger una película, evite los títulos que contengan las palabras: fatal, exterminio, aventura, espacial, grandioso, maravilloso, increíble, divertido, mortal, fantasmas, monstruos, charro, camionero, lechero o el padre de América, etc.
7. Si asistirá a algún cinema para disfrutar de la película, por favor, cite a su acompañante unas horas antes del evento. Y si disfrutará de la película en su hogar, no olvide citar a su invitado unas horas antes de la proyección.
8. Teniendo el título ideal en mano o en mente, saque de su colchón o cuenta de ahorros, una cantidad mínima de $200 tughriks, es decir, 73 harares, o sea 910 granos de arroz vanuatules (para más información de divisas 01-800-divisasmundiales) necesarios para gastos extras como palomitas, refrescos, ladrones, cervezas, chocolates, taxis o servicios de fumigación.
9. Cuando este a punto de ver la película, no olvide respirar y exhalar profundamente, sacudir sus piernas y brazos con energía, cuantas veces sea necesario, para relajarse. Y repita con suma devoción el siguiente mantra: “Cruz, cruz, cruz, que se vaya Cácaro y venga Jesús”. (Si usted es judío tenemos el mantra alternativo: “Cruz, cruz, cruz, que se vaya el Golem y venga Moisés”.)
10. Y por último, si la luz eléctrica se va, lo dejan plantado, empieza a llover y usted no trae paraguas, le dio una alergia que le pica en todo el cuerpo por comer tamales, o esta apunto de dar a luz, no se preocupe, recuerde que el cine es “pura diversión sana para toda la familia”.

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